miércoles, 17 de abril de 2013

El adiós al profesor Rodolfo Parodi (1903-2004)

Compilado por Hugo P. Castello: 2013, MACN en comisión en la Fundación de Historia Natural Félix de Azara.
Por Pablo A. Chafrat

Se marchó uno de nuestros grandes científicos. Su partida pasó, como sucede habitualmente, inadvertida para la mayoría de los medios.
Dijo José Ingenieros: "La genialidad es una coincidencia. Surge como chispa luminosa en el punto donde se encuentran las más excelentes aptitudes de un hombre y la necesidad social de aplicarlas al desempeño de una misión trascendental. El hombre extraordinario sólo asciende a la genialidad si encuentra clima propicio: la semilla mejor necesita de la tierra más fecunda. La función reclama el órgano: el genio hace actual lo que en su clima es potencial".
Pues sí, en el caso de don Rodolfo Parodi Bustos se cumplió con lo dicho por Ingenieros: su vocación se encontró con el mejor clima para desarrollar su genialidad, nada menos que al lado de las personalidades más grandes de todos los tiempos, esos forjadores de nuestra ciencia y nuestra cultura, en el ámbito más adecuado: su país, nuestra Argentina, con sus extraordinarias reservas paleontológicas. Así, trabajó junto a Carlos Ameghino y fue discípulo de Lucas Kraglievich, conoció personalmente a Eduardo Holmberg y Angel Gallardo, entre otras tantas figuras de las Ciencias Naturales y de la Paleontología en particular. ¿Qué mejor clima que ése para cimentar tal personalidad? El no sólo fue un sabio, fue un forjador, un activo partícipe del desarrollo de la paleontología en nuestro país. Rodolfo Parodi era el último argentino vivo que había conocido personalmente a don Florentino Ameghino y era uno de los últimos representantes de la paleontología de los comienzos del siglo XX. Cumplió con la misión trascendental de estudiar los mamíferos fósiles, labor que le fuera delegada por sus próceres maestros y amigos.
Se formó en el seno de una familia de grandes figuras de la paleontología argentina. Su padre, don Lorenzo Parodi, de origen genovés, recolectaba fósiles en la costa atlántica para Florentino Ameghino y luego siguió trabajando para Carlos Ameghino y Angel Gallardo, prestando servicios al entonces Museo Nacional de Buenos Aires. Su hermano Lorenzo Julio Parodi trabajó junto con Lucas Kraglievich, Alfredo Castellanos y Carlos Rusconi. Ingresó en 1937 como preparador en la sección de Paleontología de Vertebrados del Museo de La Plata, transformándose rápidamente en una figura importante en dicha institución y donde estrechó una gran amistad con el sabio Rosendo Pascual. Su obra escrita no es cuantiosa, lo que no le quita mérito ni la excelencia que aún posee.
Rodolfo Parodi fue profesor de la Facultad de Ciencias Naturales de Salta y se desempeñó como director del Museo de Ciencias Naturales del Parque San Martín (Salta), ayudó a recrear la actividad científica y cultural de comienzos del siglo XX con minuciosos detalles, debido en gran medida a su vida y tradición familiar. Su fecunda obra presenta contribuciones de gran porte sobre geología, zoología y paleontología principalmente, ciencia ésta que, como decíamos, orientó al estudio de los mamíferos, realizando contribuciones sobre mastodontes de destacado interés y de plena vigencia.
En 1993 se fundó en la ciudad de Salta el museo regional de Ciencias Naturales, el que lleva el nombre de profesor Rodolfo Parodi Bustos. Aun a la edad avanzada que contaba, poseía una lucidez inigualable y admirable.
Don Rodolfo Parodi nació el 13 de setiembre de 1903 en la ciudad de Necochea (provincia de Bs. As) y falleció el 14 de noviembre del 2004 a los 101 años en la ciudad de San Salvador de Jujuy (provincia de Jujuy), concluyendo así una tradición familiar en la materia de un par de siglos de duración, estudiando principalmente los mamíferos fósiles.
Hoy, privados de su presencia física, nos queda el aporte de su saber, en su completo legado fruto de una larga vida dedicada a la ciencia.
Don Rodolfo será siempre recordado con admiración y respeto, no sólo por lo que ha sido y es en el mundo de la paleontología, sino por todas sus virtudes personales. De esa manera permanecerá siempre entre nosotros y será a no dudar tomado como ejemplo por las nuevas generaciones de estudiantes, lo que será la mejor forma de brindar un merecido reconocimiento a su obra.
Tuve la suerte de ver y escuchar a don Rodolfo, lo que me emocionó, pues sabía de él, de su obra y de su personalidad. Sé que todos los que lo conocían sienten un profundo respeto y admiración por él, similar al que siento yo. Por ello me creí en la obligación de escribir estas líneas en su memoria.

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