miércoles, 17 de julio de 2013

Ángel Gallardo, Director del Museo de Ciencias Naturales. Parte II. Las investigaciones que fomentó Ángel Gallardo en el Museo según M. Doello Jurado (1936).

Hugo P. Castello, 2013.  MACN: en comisión en la Fundación de Historia Natural "Félix de Azara".

“El Dr. Gallardo prestó su apoyo decidido y su ilustrado consejo a esta nueva sección., escribió después Doello Jurado, y promovió la realización de los primeros viajes de estudio y recolección de nuestra fauna marina en las costas bonaerenses y patagónicas, con la eficaz cooperación, en muchos casos, de barcos de la Armada Nacional.” (3).

Ingeniero y D . en Ciencias Naturales Ángel Gallardo (Rev. Mundo Argentino, 1915)
“Por su estrecha vinculación, durante su permanecía en Europa, con Alfred Girad, Ives Delage y otros zoólogos eminentes, Gallardo fue, entre nosotros, un entusiasta de los modernos estudios de biología marina, y mucho se interesó, aunque sin  llegar a resultados positivos, para que nuestro país enviase jóvenes becados a perfeccionarse en aquellos estudios en Europa, así como auspició en diversas formas la fundación de una estación o laboratorio en nuestra costa atlántica para la realización de los mismos trabajo; pero desgraciadamente no tuvo el apoyo, o la comprensión, de parte de las autoridades, instituciones o personas que podían haber prestado una cooperación efectiva para tan útil empresa.”.

A propósito del ensanche del viejo Museo de Alsina y Perú, gracias a la habilitación de varias casas frente a la plazoleta de Montserrat, inaugurado en vísperas del centenario de 1816, escribió el mismo doctor Gallardo estas líneas:
“No era decoroso que llegase nuevamente una fecha gloriosa y el museo permaneciera cerrado como sucedió en 1910, con gran contrariedad del maestro Ameghino, quien bajó a la tumba, como el mismo anunció, sin  haber tenido la satisfacción de ver en principios de realización lo que había sido la aspiración de los últimos diez años de su vida.”.
Se refirió luego a los locales provisorios de la plazoleta Montserrat y añadió:
“Este desahogo en el abarrotamiento del antiguo local de Perú y Alsina ha permitido ordenar mejor los objetos almacenados en sus vidrieras y abrir paso en las galerías antes obstruidas por cajones y esqueletos. <Así podrá tener acceso el público al museo y éste volverá a prestar, aunque en forma deficiente y precaria, el servicio de ilustración popular que es la razón misma de la existencia de esta clase de establecimientos.
“Con todo siendo defectuosa, esta solución provisional hará que los visitantes del Centenario no encuentren las puertas de la mas antigua institución científica del país cruzadas con el cartel “Cerrado por cambio de local”, que se prestaba a comentarios risueños después de nueve años de inalcanzable andanza. Pero no debe por esto abandonarse el proyecto de dotar al museo del edificio que necesita para llenar ampliamente sus fines.
“Mientras otras reparticiones públicas ocupan palacios y disponen de lujosos presupuestos, el museo aguarda siempre inútilmente el hada y el príncipe q1ue lo han de sacar de su miseria.
“Desde la oscuridad de sus claustros coloniales ha visto transformarse en gran sudad a la gran aldea que fue fundado por un estadista clarividente, sin llegaran nunca hasta él las corrientes de riqueza que han metamorfoseado al país.

En medio de su pobreza la conseguido publicar 28 tomos de trabajos científicos que hacen conocer el nombre argentino en el extranjero por algo mas que por las lanas, el trigo, las carnes y el tango”.
El Dr. Ángel Gallardo escribiendo con un hueso y un cráneo adaptado como tintero. Caricatura del humorista José Olivella, Revista “PBT “(10/4/1915).

“Bajo su dirección, se realizó en 1914, por disposición especial del ministro Ibarguren , una importante expedición arqueológica a la provincia de  La Rioja, a cargo del competente investigador Eric Boman, quien mas tarde fue nombrado encargado de las colecciones arqueológicas. Con lo que se agregó al museo otra sección importante, que hasta entonces había tenido solamente personal honorario.
También consagró la debida atención a la sección numismática de la cual dio cargo efectivo, como supernumerario, al reconocido especialista don Aníbal Cardoso, quien desempeñaba esas funciones Ad honorem, y comenzó la impresión del nuevo Catálogo.
Dedicó particular interés a la Sección Paleontología, tanto en Vertebrados como en Invertebrado, entre estos últimos, debe destacarse la adquisición por parte del museo de la valiosa colección que fue del Doctor Herman von Ihering, de moluscos fósiles cenozoicos y en parte del cretáceo superior de la Argentina. Se empeñó también en la proyectada adquisición de las colecciones de Ameghino, que, como se sabe, ella no se efectuó hasta varios años después (1928-1932)
Ángel Gallardo en 1926, (tomado de Furlong, 1964.)

“Inició, en colaboración con el Museo de la Universidad de La Plata, las primeras investigaciones sistemáticas sobre la existencia del hombre fósil en las barrancas de Chapadmalal y Miramar, interesante  debatida cuestión sobre la cual se ha continuado trabajando después, desde diversos lados, sin que se haya llegado aún a una conclusión definitiva.
Aunque Gallardo no se había dedicado de modo especial a estas investigaciones, legó a interesarse personalmente en aquel problema, y en una de sus conferencias presentó al público, con adecuados comentarios, aquella notable pieza, motivo de tantas discusiones: el fémur de un Toxodon, procedente del piso del chapadmalense de Miramar, que lleva incrustada una punta de flecha (o lanza), haciendo resaltar el hecho de que ese hallazgo demostraba la contemporaneidad del hombre con aquellos extinguidos ungulados y , por lo tanto, la gran antigüedad geológica del género humano en esta parte de América, conforme a las opiniones de Florentino Ameghino.”
En esta misma rama facilitó la publicación de la importante obra del geólogo y paleontólogo italiano, doctor Cayetano Roveretto “Los estratos araucanos y sus fósiles, Tomo  XXV de los Anales del Museo, 1914) haciéndola acompañar de hermosas láminas en fototipia sobre excelentes fotografías hechas en el museo por don Santiago Pozzi, que constituyen una de las mejores series de ilustraciones paleontológicas publicadas en el país.
”Auspició también los primeros estudios sobre reptiles del Señor Pedro Serié, a quien otorgó un merecido ascenso en sus funciones dentro del establecimiento.”.

La lucha contra la plaga de las langostas

Cuantos saben lo que eran en otros tiempos, no muy lejanos, las invasiones de langostas, y los efectos desastrosos que producían, agostando los campos en forma terriblemente penosa, que extrañarían que un hombre de ciencia como el doctor Gallardo se ocupara en arbitrar la lucha biológica con el acridio volador. Es evidente que se daba cuenta de que no era suya la misión de combatir la langosta, pero podía hacer algo que fuera eficaz y así escribió en 1912:
“Han pasado ya los tiempos que los filósofos griegos se indignaban al saber que sus investigaciones matemáticas o sus estudios científicos en general servían de base a aplicaciones utilitarias.
“La ciencia moderna no considera rebajada su dignidad, cuando sus conclusiones contribuyen a mejorar las condiciones de la existencia humana en nuestro planeta. Es imposible, en efecto, trazar un límite preciso entre la ciencia pura y las aplicaciones científicas.
“Los estudios mas abstractos son frecuentemente los mas fecundos en consecuencias prácticas y recíprocamente muchos descubrimientos de alta trascendencia filosófica han tenido como base trabajos emprendidos con un propósito de utilidad inmediata.
“Sirvan estas palabras de explicación a los que pudieran escandalizarse de encontrar un trabajo de interés utilitario para nuestra agricultura en las austeras páginas de estos Anales, especialmente consagradas a la ciencia pura.
“No faltan, sin embargo, antecedentes en las tradiciones de este museo sobre el problema mismo que nos ocupa, pues mi querido maestro, el doctor Carlos Berg, se ocupó durante su dirección de este establecimiento en el estudio de los enemigos naturales de la langosta.”
Se refería después a algunos enemigos autóctonos de la Schistocerca paranensis, como las aves acridiófagas y a las larvas de moscas Sarcophaga y agregaba:
“Pero si las  langostas han podido multiplicarse tan abundantemente, a pesar de las acción de sus enemigos naturales indígenas, no es lógico creer que bastan estos últimos para combatirlas eficazmente, sobre todo cuando estos parásitos no son susceptibles de cultivarse en medios artificiales, para aumentar así su número y la eficacia  de sus acción contra la langosta. Teóricamente, pues, están condenados de antemano, al fracaso todos los ensayos de lucha contra el acridio basados exclusivamente en el empleo de los enemigos naturales indígenas.”

" Compendio de Zoología" del Dr. Angel Gallardo, Editorial A. Estrada y Cia.,1909: 360 pp. 
Esta obra profusamente ilustrasa tuvo numerosas ediciones, mas de 35, y se continuó editando aun después del fallecimiento del autor.
 
Fig. 191: Lámina de una tortuga marina, que ilustraba el Compendio de Zoología de A. Gallardo (1909).
Presidente del Comité Argentino para la Exposición de San Francisco, California

Ya en 1912 había renunciado a la cátedra que tenía en el Colegio Nacional de buenos Aires. Conservaba, y con alto prestigio, además de la dirección del Museo, las que tenía en la Facultad de Medicina y en la de Ciencias.
Quienes insistieron para que aceptara la designación en el Comité fueron el entonces ministro de Agricultura y José Maria Cantilo, primo hermano de la esposa de Gallardo, que era, a la sazón, Secretario del presidente Sáenz Peña. No bien asumió tuvo que despedir a uno de los componentes de dicho Comité, por su falta de ética, y eso llevó a que esa persona y otro señor que había trabajado para que lo designaran presidente del Comité, en vez de Gallardo, emprendieron una tenaz y alevosa campaña periodística.
Gracias a técnicos de solvencia intelectual y de experiencia, como Enrique Nelson y Horacio Anasagasti, la participación de la Argentina en dicha exposición fue exitosa.

Estallido de la Primera Guerra Mundial

Al estallar la Primera Guerra Mundial, casi todos los argentinos se ladearon a los aliados, esto es, al bando de los franceses e ingleses, y con ellos estuvieron las simpatías del doctor Gallardo, por mas que su gran amigo el General Uriburu, publicaba artículos en los que probaba matemáticamente que Alemania habría forzosamente de ganar la guerra.
Al suceder Victorino de la Plaza a Sáenz Peña, a raíz y por causa del deceso de éste, Carlos Saavedra Lama ocupó el Ministerio de Instrucción Pública y Horacio Calderón el de Agricultura. Éste  no dio importancia alguna a la Exposición de san Francisco y se hizo sordo a los reclamos de Gallardo, quien hasta propuso que la Argentina se retirara de ella, ya que la guerra europea era una razón para dar ese paso. Se resolvió continuar, pero con escasos recursos.
A causa de la guerra europea se abandonó el pensamiento de construir el edificio ad hoc para el Museo, lo que al doctor Gallardo le pareció lógico, en un momento en que todo era hacer, o decir que se había de hacer economías, pero puso el grito en el cielo cuando vio que se reducía de tal suerte el presupuesto del museo que habría de quedar sin personal. Habló entonces con el encargado del anexo en la Comisión de presupuesto del congreso, el diputado por Mendoza, Lucio Funes y, gracias a que se repuso las modestas partidas existentes, retiró Gallardo la renuncia que ya había presentado.
Local del Museo clausurado numerosos años
En 1916, el Museo que había estado clausurado al público desde antes de 1910 por su estado ruinoso,  se abre nuevamente. A fines de 1916 se retira Gallardo de la Dirección para ocupar la Presidencia del Consejo Nacional de Educación. Con el andar de los años el Museo lograría su nuevo edificio y Gallardo tuvo la satisfacción de asistir a la inauguración de su primera sección.
Otros cargos políticos
A partir de 1916 si inicia una etapa diferente en la vida de Ángel Gallardo.
Primero es designado Presidente del Consejo Nacional de Educación. (1916-1921)  Bajo su presidencia la actividad fue intensa. Y se crearon unas 1600 nuevas escuelas primarias.
Al término de su período, el Presidente de la Nación, Dr. Hipólito Yrigoyen, le ofreció la embajada en Roma, donde acuó desde fines de 1921 hasta 1922. Yrigoyen fue sucedido en la Presidencia de la Nación por Alvear, quien le ofreció el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto. Gallardo se hizo cargo del mismo a fines de 1922 y terminó su misión el 12 de octubre de 1928 junto al Presidente que lo nombrara.
En 1927 fue designado Presidente de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Y en el período 1932-1934, hasta su fallecimiento, Rector de la Universidad de Buenos Aires.
Bibliografía
(1) Furlong, G. 1964. Ángel Gallardo. Ediciones Culturales Argentinas, Minist..de Educ. y Justicia: 200 pp.
(2) Anales del Museo Nacional de Buenos Aires, T XXVI, 1915: 1-20.
(3) Doello Jurado, M. 1936.Ángel Gallardo (1867-1934). Su actuación en el Museo de Buenos Aires. Buenos Aires, 1936: 38 pp.

Ángel Gallardo, Director del Museo de Ciencias Naturales (según Guillermo Furlong) y su interés por las hormigas. Parte I.

Hugo P. Castello, 2013.  MACN: en comisión en la Fundación de Historia Natural "Félix de Azara".

La teoría de la cariocinesis, las matemáticas y física
Gallardo en su teoría de la cariocinesis utiliza conocimientos de física que bien pueden deberse a la influencia de su formación inicial de ingeniero, esta última se nota más claramente en varios trabajos donde utiliza las matemáticas para el estudio de problemas biológicos. Los mismos se extienden de 1901 a 1910, y entre ellos figuran los dedicados a las Matemáticas y la biología, la Fitoestadística, Sur la preuve statistique de la loi de Mendel, que publicó en los Comptes Rendus de l'Academie des Sciences de París, o a los Estudios matemáticos sobre la herencia en el ganado vacuno. En sus años iniciales incursiona también en el campo de la botánica, dedicando un número de trabajos a problemas de teratología vegetal. Un resultado de sus observaciones sobre la enseñanza de las ciencias naturales en Europa, fue la implantación de los trabajos prácticos en la enseñanza de la zoología. Como la expresa en 1907, en un informe a la Universidad considera que no debe recargarse la memoria del alumno con nociones verbales, sino procurar por todos los medios habilitarlo para el trabajo original.

El nombramiento de director del Museo
Con anterioridad, al fallecer en 1902 el director Carlos Berg; Gallardo, que había sido señalado por su maestro como su posible sucesor, apoyó para el cargo, ante el Ministro Joaquín V. González, a Florentino Ameghino, quien fue designado y lo ocupó hasta su muerte en 1911.
Estando Ángel Gallardo en Paris y al fallecer Ameghino, fue nombrado, el 12 de Diciembre de 1911, para sucederle en la dirección del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Aceptó ese cargo, que era tan de su gusto y en consonancia con sus estudios, pero puso una condición: si el gobierno estaba dispuesto a edificar un nuevo museo, ya que el local que entonces ocupaba era por demás estrecho e inadecuado.
Recuérdese, como, con anterioridad a 1767, así esa esquina de Alsina y Perú, como toda la cuadra sobre esa postrera calle no eran sino los depósitos de yerba mate, algodón y tabaco, productos pertenecientes a las Reducciones de Guaraníes, y que estaban ahí depositados para su venta. Allí, sin embargo, se instaló el Museo de Ciencias Naturales; en una época (mas reciente) estuvo allí la Facultad de Ingeniería y todavía hoy se allá allí la de Arquitectura.
Gallardo regresó de Europa el 11 de abril de 1912 y a los pocos días tomó posesión de la Dirección del Museo. Al año siguiente, el 24 de marzo de 1913, fue designado miembro correspondiente de la Sociedad Científica “A. Aluzate” de México y, poco después, se lo nombró presidente de la primera Reunión Nacional de la Sociedad Argentina de Ciencias Naturales, a celebrarse en Tucumán.
Al hacerse cargo del Museo Nacional de Ciencias Naturales, el día 16 de abril de 1912, éste no era sino un amontonamiento de objetos abarrotados en un edificio inadecuado, que, decían, amenazaba ruina. Felizmente no era así, y una vez arregladas las azoteas, las viejas bóvedas se secaron y el edificio siguió prestando servicios.

El interés por las hormigas
 En todas sus visitas a los museos europeos y en su conversaciones con naturalistas. hubo una rama de la zoología que siempre le interesó y grandemente al Dr. Gallardo, y era el estudio de las hormigas.
Caricatura de Cao, en la que Ángel Gallardo está parado con hormigas a sus pies, Revista “ Fray Mocho” del 9/6/1916.(Cuenta de las hormigas cosas muy raras y curiosas. Sino le agradecen como amigas, serán unas ingratas las hormigas!!.)
Retrato de Ángel Gallardo en 1916: Presidente del Consejo Nacional de Educación (Caras y Caretas: 30/12/1916)

Desgraciadamente, las colecciones pertinentes que había entonces en el museo del que era ahora director, eran pocas y muy incompletas. Era manifiesto que las hormigas. Que tanto le habían interesado a él, desde su niñez, no habían interesado mayormente ni a los naturalistas dependientes del museo.
Intensificar su estudio y obtener que el museo contara con un edificio adecuado fueron
entonces sus dos objetivos.
Felizmente, la bien abastecida biblioteca del museo le brindó las mejores obras sobre estos formícidos. Incluso los escritos por el jesuita Wasmann,
Sobre las hormigas dejó un  conjunto de publicaciones "Las Hormigas de la República Argentina" que inicia en 1916, aspirando a realizar la revisión general de la familia en nuestro país. No pudo cumplir con su ambición como era su deseo y como lo confirma el material que dejó al fallecer.
Un hecho revela el interés que tenía por los estudios mirmecológicos. Cuando en 1927 siendo Ministro de Relaciones Exteriores y Culto pasa por Madrid, la Real Academia de Ciencias Exactas Físicas y Naturales lo recibe en una sesión. Para responder al saludo de la misma, preguntó a su Presidente, el Dr. José Rodríguez Carracido, si era preferible un discurso o una memoria científica. Como le aconsejara la segunda, improvisó una disertación sobre mirmecología argentina, que duró algo menos de una hora y como relata Ángel Cabrera, fue escuchada sin cansancio por el auditorio y premiado por calurosos aplausos.
Recorte del diario “La Razón” (5/09/1911) con una caricatura de Gallardo armando un esqueleto, el autor del texto felicita a las autoridades nacionales por sus designación.

El local del Museo
En relación con el local del museo pidió una audiencia con el señor presidente. Le recordó cómo él había aceptado esa dirección con la expresa condición de que el gobierno le secundaría para dar al museo un local amplio, en el que las colecciones pudieran tener una adecuada ubicación. Como el gobierno prometió secundar esas pretensiones, Gallardo, consideró como un hecho, a breve plazo, el magnífico, aunque futuro local, donde “podrán exhibirse, como escribía él, dignamente los tesoros de nuestro museo, que hicieron de él, en época no muy lejana uno de los mas interesantes del mundo, y habrá sitio para alojar las colecciones particulares de Ameghino, a la sombra de la estatua que perpetúe materialmente su memoria.
La instalación del museo en un local adecuado, agregaba Gallardo, ha sido la constante preocupación de los directores Berg y Ameghino. Por mi parte, aun descuidando toda obra científica personal, he de concentrar especialmente mi esfuerzo en obtener la translación del museo a un edificio digno de su importancia, de manera que sea posible continuar la investigación metódica de nuestras riquezas naturales, y realizar, por fin, los propósitos sociales de instrucción general que corresponden a u n museo moderno, el cual constituirá en su conjunto, el mejor monumento que el país puede elevar a las ciencias naturales y a quienes en su cultivo se ha inmortalizado.
En su afán de dar a conocer los antecedentes relacionados con la fundación del museo, escribió y publicó en La Nación (27/5/1912), un sabroso artículo. A continuación de una reseña histórica, en la que Gallardo manifestaba lo que sería el nuevo edificio, según los planos que ya tenía confeccionados.
En 1915 volvió sobre el tema en los Anales del Museo (2) y acompañó con planos la descripción y distribución en las diversas salas del enorme material ya existente, y en gran parte encajonado.
Se contaba ya con un terreno muy a propósito, colindante con el Jardín Botánico, pero la situación creada por la guerra en Europa (que estalla en 1914) y la enfermedad y posterior fallecimiento del Sr. Presidente Sáenz Peña, y ciertas dificultades surgidas de la forma en que se había hecho la licitación para la construcción del magnífico edificio, fueron dilatándola en forma indefinida, y todas las empeñosas gestiones del doctor Gallardo, se estrellaban contra la dura piedra de la general indiferencia, con respecto a obras culturales.
Vieja tragedia, iniciada en 1810, y que aun persiste, aunque algunos pocos hombres de fibra energética han sabido superar esa indiferencia tan generalizada.
 Tan decepcionado llegó a estar el Dr. Gallardo al comprobar el pensar y sentir de los hombres que habrían podido ayudarle, que el 10 de Noviembre de 1914 presentó la renuncia a la dirección del museo. Ella no fue aceptada y el gobierno prometió ayudarle, en cuanto le fuera posible, una vez superadas las angustiosas circunstancias del momento. Aun más, le ofreció varios edificios contiguos que eran fiscales, sitos en las calles Bernardo de Irigoyen, Moreno y Lima, frente a la plazoleta Montserrat, para que allí pudiera poner en forma menos inadecuada una buena parte del museo, y además, se le proporcionaron los necesarios recursos para habilitarlos y amueblarlos. El Dr. Carlos Ibarguren, que era entonces ministro de Instrucción Pública, tenia demasiado alto concepto para dejar al museo en la mísera situación en que se hallaba. Al año (1916) celebraría el país el primer centenario de su Independencia  y vendrían personas de América y Europa, deseosas no pocas de visitar el museo, y sería afligente decirles que estaba clausurado por falta de local.
La Municipalidad reclamó el terreno cedido para  museo, y la Dirección General de Arquitectura halló serias deficiencias en los planos, y ello, desde diversos puntos de vista, fueron a la postre, beneficioso, ya que con el correr de algunos años, se pudo hacer el grandiosos edificio, que actualmente ocupa el Museo Argentino de Ciencias Naturales en Parque Centenario (1923-1933.
Del viejo edificio de las calles Perú y Alsina trasladó el doctor Gallardo a los mencionados edificios fiscales la dirección, la biblioteca y varias secciones como las de Mineralogía, Entomología, Malacología, Botánica y Arqueología...
No era el ideal, pero era un progreso, y hasta 1934, año que se trasladó el museo a su habitual ubicación en Parque Centenario, allí estuvo, prestando excelentes servicios asa los estudiosos y recreando sabiamente a los curiosos.
Pero a esas mejoras externas correspondieron otras internas que deben recordarse. Así, 








lunes, 13 de mayo de 2013

Dos intentos fallidos de transferir el Museo Argentino de Ciencias Naturales a la Universidad de Buenos Aires (1958 y 1983)


Hugo P. Castello, 2013.  MACN: en comisión en la Fundación de Historia Natural "Félix de Azara".
Ya hemos detallado  el intento realizado por el Director Interino del Museo y Secretario de Cultura  Ing. José Babini de transferir el MACN a la UBA en 1958 y que habría fracasado por la oposición cerrada de los Jefes de Sección del MACN, los alumnos del Profesorado de Ciencias Naturales y la Asociaciones de profesionales.
Es muy probable que los Jefes de Sección del MACN hayan vislumbrado la necesidad. llegado el casodde concretarse el pase a la Universidad , no sólo de tener que concursar sus puestos como Profesores universitarios, sino que también dedicar parte de su tiempo a la docencia. Los alumnos del Profesorado, veían, con seguridad al MACN como un lugar donde encontrar empleo y dedicarse a la investigación científica. Era una época en que los Profesores de Ciencias Naturales ocupaban numerosos puestos de trabajo en el Museo y seguramente no iban a poder competir contra los licenciados o doctores en Ciencias Naturales.
Un segundo intento, que ha pasado desapercibido, fue realizado por el paleontólogo Dr. Osvaldo Reig, quien en sus primeros años, durante la Dirección del Dr. A. Riggi había incursionado por el MACN. Un intelectual brillante y apasionado, había sido simpatizante de la izquierda  y tenían muchos detractores en nuestro país, algunos de los cuales lo tildaban de comunista, etc.
Una de las características de su fructuosa carrera científica es que siempre duraba poco tiempo en el lugar donde entraba a realizar investigaciones. Posiblemente su carácter o sus ideas le jugaban en contra (ver en este blog: “Una reseña  de la obra del paleontólogo Osvaldo Reig, por Mario Bunge”).

En la época que el MACN era dirigido por el Lic. José María Gallardo (1973-1994) y posteriormente obtiene su doctorado, Osvaldo Reig pasa a de la Universidad de Tucumán a la de Buenos Aires..

Reig y el MACN
El clima político de la ciencia en la Universidad Nacional de Tucumán a la cual había accedidoOsvaldo Reig  en 1958 lo obligó a una nueva migración interna que lo regresó a la Universidad de Buenos Aires (UBA) en 1960 a donde permaneció hasta 1966, donde nada menos que el célebre paleontólogo George Gaylord Simpson fue uno de quienes le tomó el concurso para acceder a un cargo de profesor (Quintana, 2012).
Según lo narra Quintana, durante 1983, Reig luego de una corta estadía en Harvard, había regresado a Buenos Aires entusiasmado por el nuevo período democrático y el ánimo de libertad que se vivía en esos días. Osvaldo Reig había conocido a Alfonsín en Venezuela y habían simpatizado. Habían acordado reorganizar el Museo Argentino de Ciencias Naturales, una institución trascendente en la ciencia argentina, pero que estaba en un estado de singular retraso académico. 

El Dr.Olsvaldo Reig durante un congreso científico
Reig trabajó durante meses en la diagramación del proyecto pero jamás pudo asumir esa tarea. Aunque contaba con el apoyo de las autoridades nacionales, la influencia de sectores conservadores de la Iglesia Católica fueron lo suficientemente poderosos para que ese cargo continuara ocupado por una administración mediocre que no estaba dispuesta a transformar el museo en un instituto moderno de investigación de las ciencias naturales. A pesar de este fracaso, Osvaldo intentó trasladar ese proyecto a Mar del Plata. La idea fue integrar el Museo Municipal de Ciencias Naturales (el mismo que lo recibió a los 15 años) con la Universidad Nacional de Mar del Plata para crear un instituto de investigación en biología evolutiva y paleontología. Pero fue otro intento fallido ocasionado por las mismas causas: las autoridades locales no comprendieron la trascendencia de la propuesta y el proyecto quedó perdido en algún cajón de la Municipalidad.

Bibliografía
Quintana,C. A.2012  Conociendo a Nuestros Científicos: Osvaldo A. Reig. www.academia.edu/.../Conociendo_a_Nuestros_Cientificos_Osvaldo_A

viernes, 3 de mayo de 2013

La contratación de científicos alemanes y europeos para el Museo Argentino de Ciencias Naturales, durante la presidencia del Gral . J. D. Perón.


Hugo P. Castello, 2013.  MACN: en comisión en la Fundación de Historia Natural "Félix de Azara".

Con el fin de la Segunda Guerra Mundial sobrevino la ocupación y división  de  Alemania  por  parte  de  los  aliados  y  una  muy  particular  forma  de botín de guerra. Durante la primera mitad de la  década del cuarenta, el Tercer Reich había logrado mantener, y en muchas áreas intensificar, su superioridad científico-técnica con respecto a las  potencias occidentales y la Unión  Soviética. Pero si bien la captación de científicos alemanes en la inmediata posguerra benefició principalmente a las nacientes superpotencias de la Guerra Fría, otros países lucharon también por acceder a este reparto de hombres, secretos, planos y prototipos. En nuestra región, tanto Argentina como Brasil, tuvieron una clara política en este sentido, si bien cada una estuvo caracterizada por las particularidades de sus gobiernos y de sus  relaciones con las potencias de ocupación, las que gestionaban las visas para que los científicos alemanes
pudieran salir del país en busca de mejores oportunidades de trabajo e investigación

La Argentina en el periodo de Perón, cuya percepción estratégica es uno de los atributos que incluso sus opositores no le niegan,  acarició la idea de convertirse en una potencia mundial a través de la importación y desarrollo de modernas tecnologías  europeas. Mientras que numerosos artículos describen el éxito de la influencia de los militares alemanes en el desarrollo de regimenes militares autoritarios en América Latina, poco se ha investigado sobre las fallas de los científicos alemanes en desarrollar industrias y tecnologías modernas, en especial en Argentina.
El fracaso del desarrollo de aviones jet  (Pulqui I y II) en la Fábrica militar de Aviones de Córdoba, por parte del ingeniero Kurt  Tank, y el fiasco del Proyecto de la isla Huemul sobre fusión nuclear en frío, por parte del físico austríaco Ronald Richter, constituyen ejemplos  que ilustran la enorme dificultad en transferir tecnologías de una nación altamente industrializada como Alemania a un país tradicionalmente rural y escasamente industrializado como lo era la Argentina a inicios de la década del 50 como la Argentina (Hagood, 2004).

El Departamento de Ciencias Geológicas del  Instituto Nacional de Investigación de las Ciencias Naturales.
Hasta mediados de 1946, bajo la dirección del Prof. Doello Jurado la Sección de Geología del Museo Argentino de Cs. Naturales estaba dividida en dos secciones: la de Mineralogía a cargo de Romeo Croce,  y Geología, bajo la dirección de Agustín Riggi, Ya en la segunda mitad de 1946 con el Museo bajo la dirección de Riggi, Geología  pasó a ser el principal Departamento  de investigación con numerosos laboratorios y fue quizás el período del INICIN y MACN (1946-1955)  en el que la Geología fue un área prioritaria. En la actualidad  (2013) es un área casi inexistente, donde sus colecciones se alojan en muebles destartalados del corredor del 3r.Piso y las investigaciones geológicas son muy escasas.
Parodiz y Balech (1992) (Pág.:60-65) brindan una descripción detallada sobre el período de Croce y Riggi en el MACN previo a la llegada de Riggi a la dirección del Museo, y de las relaciones profesionales entre ambos.  Según cuentan estos investigadores “En el Museo, Riggi, hacía trabajos técnicos para dueños de minas y otros, en realidad se los hacía, por lo menos en buena parte, Croce, pero Riggi los entregaba y cobraba. Creo (E.B.) que en el Museo hacía poco mas que eso, lo que significaba que su aporte para la institución era casi nulo”.
El Departamento de Ciencias Geológicas 1946 que había sido casi insignificante, pasó a ser el mas desarrollado y con mayor cantidad de laboratorios y talleres de apoyo, lo que demostraría el interés que tuvieron Riggi y el gobierno nacional en la exploración y explotación de minerales estratégicos para la defensa nacional de aquellos años.
A partir de 1947 en el organigrama de la Estructura administrativa del Instituto Nacional  de Investigación de las Ciencias Naturales, Riggi había previsto la necesidad de contar con dos oficinas claves y novedosas que dependían directamente de la Dirección General: la Oficina del Plan Quinquenal y  la Oficina de Problemas de Defensa Nacional (en relación con los Recursos Naturales).

Según Parodiz y Balech (1992) en “el Dto. de Geología trabajó como segundo Jefe, el Sr. J. R. Cuomo, que en los años que estuvo en el museo, se especializó en investigaciones “top secret”, al parecer se trataba de los yacimientos de uranio, lo que estaba conectado con el colosal engaño de la fabricación de la bomba atómica, dirigida por el físico Richter, en la isla Huemul, en el sur de Neuquén....”*

En Argentina la exploración geológica en búsqueda de uranio había comenzado a fines de la década del 40 y se sistematizó a partir de la creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) en 1950.
No es correcto afirmar que la búsqueda de mineral de uranio fuera esencial para el proyecto de Richter, ya que su proyecto de fisión nuclear no requería de ese mineral, que si fue necesario, mas adelante, para el proyecto de fusión nuclear, que habría de culminar con la generación de nucleoelectricidad al comenzar en Argentina en 1974 con la entrada en operación de la central “Atucha I “(Palamidessi, 2006).

La contratación de científicos europeos
Según minuciosamente describe Meding (1999) en su libro, que es fruto de un trabajo de Tesis que él presentara en la Facultad de Filosofía en la Universidad de Colonia, Alemania, el gobierno de Perón, una vez derrotada la Alemania nazi, hizo en Europa  un esfuerzo considerable para la contratación de científicos e ingenieros alemanes en disciplinas que no existían en nuestro país, especialmente en Ingeniería aeronáutica, hidroeléctrica y en ciencias naturales.
Al llegar a nuestro país, según investigó Meding, los recién emigrados fueron distribuidos en distintos organismos públicos “Mientras científicos e ingenieros trabajaban para las fábricas militares argentinas, la mayor parte de los científicos alemanes fue absorbida por las universidades e institutos del país donde, a partir de su actividad profesional en Alemania, desarrollaron un intenso trabajo científico en investigación y enseñanza. Los primeros de ellos habían sido abordados directamente por la delegación argentina establecida en Europa para la emigración al Río de la Plata, otros se habían postulado ante las representaciones diplomáticas argentinas.
El estado financió el viaje y puso fondos a disposición para emplear a dichos científicos de alto quilate de conformidad con su especialidad, lo que en algunos casos resultó difícil, dado que en aquel entonces no estaban representados en la Argentina algunos de los campos de investigación de alta especialidad y no se sabía que hacer con ellos”.

No queda claro si la creación del Instituto Nacional de Investigación de las Ciencias Naturales en 1948 por parte de Riggi fue una medida expresamente tomada para dar cabida a los científicos europeos que llegaban al país, o si ella fue producto de una decisión previa a ese momento.
Meding esclarece en algo este punto al afirmar “Así fue como el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”, reorganizado en su momento  por Hermann Burmeister, sirvió para muchos como una estación intermedia. Su director Riggi, tenía excelente relaciones con la Dirección de Migraciones, de ahí que pudo practicar su propia política científica y conseguir reagrupaciones familiares.
El director también supo aprovechar sus contactos con la autoridades aduaneras  para adquirir aparatos de investigación del extranjero. Por ley se había dispuesto un  aumento considerable del presupuesto del  Museo ** (Ley 12901 (11/12/1946) Cámara de Diputados), lo que en adelante puso en condiciones a la Dirección de posibilitar que  los recién llegados desarrollaran una actividad científica por un período transitorio.
Con este fin se incorporó al Museo, como fundación nueva, el Instituto Nacional de Investigación de las Ciencias Naturales, que fue desglosado en diferentes departamentos. En el Departamento de Zoología trabajaba el inminente parasitólogo Lothar Szidat ***, en el Departamento Geológico el experto en estratificaciones, doctor Sander, en el de Botánica investigaba la doctora Buchinger, quien mas adelante pasó a la Universidad de La Plata. Después de su trabajo para el Museo, el Dr. Fenninger obtuvo un cargo docente en el colegio alemán Goethe y  fundó un instituto hidrológico.
El Instituto de Ciencias Naturales del Museo no limitó la incorporación sólo a los alemanes. También engrosaron sus filas científicos rusos, croatas y húngaros. En cambio la “lingua franca” que se utilizaba en el Instituto era el alemán. A través del Museo, como distribuidor, los especialistas y científicos europeos alcanzaron por fin puestos en universidades e institutos o se pasaron al terreno de la economía”

Con respecto a la mencionada Ley del año 1946, existe la siguiente referencia que echa un poco de luz sobre este tema:
Esto fue facilitado por una ley del año 1946 que dispuso un aumento considerable del
presupuesto del museo, asumiendo el Banco Central de la República Argentina (BCRA) la responsabilidad del pago de los sueldos de los investigadores extranjeros contratados (cuando el museo no tuviera partidas suficientes) y la decisión, no siempre favorable, del otorgamiento de préstamos especiales para los que documentaran precariedad económica extrema. En principio, estas franquicias habrían contado con el respaldo de Perón, al menos por lo que se desprende de la correspondencia oficial de Riggi con los funcionarios del BCRA. Si bien gran parte de los científicos extranjeros eran alemanes y la lingua franca del instituto era el alemán, también trabajaron allí científicos rusos, croatas y húngaros.(Mendoza y Busala, 2006). Aunque tambien se menciona que el salario del Dr.Victor Angelescu fue pago durante unos años por la Comisión Nacional de Energia Atómica.

Otros científicos de gran valía, fueron los doctores rumanos Zaharía Carpan Popovici y Victor Angelescu que fundaron cada uno a su manera, los cimientos de la Biología Pesquera en la Argentina..Ambos pasaron a formar parte, junto con numerosos otros intelectuales, de la comunidad rumana de 50000 expatriados en nuestro país que escaparon de la dominación soviética de su patria..

El Dr. Zaharia Carpan Popovici fue un hidrobiólogo rumano de gran reputación en su país y luego en Argentina quien junto con su colega Victor Angelescu  escribió la monumental obra “La economía del mar y sus relaciones con la alimentación de la humanidad” de 1056 páginas, editada por el MACN en 1954. Mas tarde pasó a Hidrografía Naval para emigrar  como oceanógrafo, después a Lima Perú , donde se desempeñó como profesor universitario. 
El Dr. Víctor Angelescu (1912-202), un doctor en Ciencias Naturales especializado en pesquerías marinas, nacido en Rumania, finalizada la Segunda Guerra mundial fue contratado por la Comisión Nacional de Energía Atómica ,pero con lugar de trabajo en el Instituto y MACN, donde se desempeñó entre 1948 y 1955. Su actividad en el MACN fue relevante en estudios sobre biología y alimentación de peces detrictívoros, formando un pequeño grupo de trabajo en esa disciplina. Entre 1949 y 1954 publicó cinco extensos trabajos. Más tarde pasó a trabajar al Instituto de Biología Marina del Mar del Plata, actualmente el INIDEP de Mar del Plata. Trabajó en la FAO, Italia, y retornó al INIDEP, donde transcurrió el resto de su larga y fecunda vida profesional.(López, Ehrlich y Gómez,2012).
El  Dr. Victor Angelescu pasó del MACN al Instituto de Biología Marina de Mar del Plata, posteriormente INIDEP.
Parodiz y Balech mencionan que entraron al museo una  cantidad de científicos extranjeros, “algunos fueron excelentes aportes  a la ciencia argentina. Anotamos entre ellos a dos rusos: el físico-químico M. Tashapeck...que  hizo estudios de física del suelo, especialmente de sus coloides. ...y el planctólogo E. Boltovskoy nacido en Rusia, llegado al país en 1948, que recién pudo empezar a trabajar en el museo en 1950”, y con el pasar de las décadas se convirtió en una famoso especialista en foraminíferos del Atlántico SO., que trabajo durante casi medio siglo en el Museo,  habiéndose incorporado al CONICET en 1961.
El Dr. Esteban Boltowskoy , eminente especialista en foramíniferos  (Foto cortesía  de sus hijos). 
Pero no todos los científicos extranjeros aportaron por igual al Museo, al respecto afirmaron: “hubiese sido afortunado que todos los científicos europeos que vinieron en esa época hubiesen sido de calidad, si no igual, no muy inferior a la de los cinco que mencionamos. Pero ni fue así; hubo varios que no aportaron nada o que fueron descarados simuladores. Entre los elementos negativos hubo un húngaro, que mientras estuvo en el Museo, sólo escribió  algunos artículos políticos. Un austriaco que apareció en estas tierras como biólogo. Aunque no se sabe que en las suyas hubiese dejado investigación alguna, tampoco dejó  nada positivo en el museo”.

Quien permaneció toda su vida trabajando en el Museo, fue el Dr. Esteban. Boltovskoy (1912-1997), un ruso-blanco que llegó a la Argentina en 1948, (quien no habria sido contratado o contactado previamente por el Director del MACN ) pero que recién pudo entrar a trabajar en el Instituto en 1950,  y posteriormente fue incorporado al CONICET para convertirse  en el mejor especialista de foraminíferos del país. Bajo su dirección se creó, lo que es hoy en día, la Colección Nacional de Foraminíferos, iniciada en 1958 , y que en la actualidad cuenta con mas de 500.000 ejemplares identificados y catalogados, que representan mas de 12.000 especies, planctónicas y bentónicas.

Los científicos europeos no permanecieron trabajando en el Instituto y Museo.

De todos los científicos europeos incorporados por Riggi al Museo e Instituto, solo dos permanecieron en ese ámbito por el resto de sus vidas, Szidat y Boltowskoy, los demás emigraron hacia nuevos lugares de trabajo, probablemente debido a que los salarios del Museo eran bajos****, o no contaban con los elementos necesarios para investigar adecuadamente. El esfuerzo llevado a cabo por Riggi, se podría decir que no fue beneficioso para el Museo, pero quizás lo fue para el país.

La personalidad del director Riggi

Fue el ultimo director del Museo en el siglo pasado que supo mantener contacto con las altas autoridades de la Nación y gracias a ello obtuvo amplios presupuestos para el MACN, aunque luego, sus detractores lo acusaron de haberlo malgastado y de haber perseguido políticamente a los científicos que no compartían las ideas políticas de aquello época.
En la obra de Parodiz y Balech (opus cit)  se aportan datos difíciles de verificar donde se describen posibles orgías de Riggi, en un cabaret al que había asistido, a pesar de estar casado.
Comentan que, como la Prof. Irene Bernasconi, trabajaba en un laboratorio pared de por medio con el de E.B., al escuchar ésta los relatos de Riggi sobre sus aventuras eróticas o cuentos subidos de tono,  ella le golpeaba la pared y le gritaba “recuerde que estoy aquí”.
Ambos autores son los primeros en mencionar los primeros casos de corrupción conocidos en el MACN, quizás los haya habido en el pasado previo al de Riggi, pero jamás encontré mención alguna al respecto,ya que siempre ese tipo de información generalmente se oculta..

Notas:
* No hemos podido encontrar publicación alguna de autoría de J. R. Cuomo, o referencias sobre su trabajo en el Instituto.
** En realidad fue un subsidio otorgado por única vez por el monto de 300.000 pesos m/n.
*** El parasitólogo alemán Lothar Szidat (1892-1973)  ingresó al museo algo antes que Boltovskoy, fue así el primer parasitólogo que trabajó en el MACN e INICIN y dejó una amplia escuela de parasitólogos argentinos y creó  la Colección Nacional de Parasitología. Tuve oportunidad de conocerlo en la década de 1960 cuando entré a trabajar al Museo y quedé sorprendido de su gran caudal de conocimientos, aunque no ocultaba para nada su profundo antisemitismo, lo que generaba, lamentablemente, serias discusiones con los invitados a la hora de tomar el té a las 5.00 PM en la División de Ictiología, a la cual él acostumbraba concurrir.
****Los bajos salarios en el MACN fueron una constante a lo largo de sus 200 años de existencia. Este tema ya ha sido analizado en otra nota. Lamentablemente este factor impidió retener a los mejores, que emigraron a otras reparticiones del estado con salarios mas elevados, hacia la industria o estimularon, a los que se quedaron, a realizar trabajos para terceros en los laboratorios del Museo, tendencia que lamentablemente en la actualidad no ha desparecido.

Bibliografía
Hagood, J. D.2004.  Arming Perón's "New Argentina": The Migration of German Scientists and Technology after World War II. Society History Technology Meeting Sept. 2004 (www.histech.nl/shot2004/programma/txt/hagood.asp?file=hagood - 4k -)
López, H., M. Ehrlich y J. P.Gómez, 2012. Victor Angelescu, Ictiólogos de la Argentina. http://naturalis.fcnym.unlp.edu.ar/repositorio/_documentos/sipcyt/bfa001707.pdf
Meding, H. M. 1999.La Ruta de los nazis en tiempos de Perón. Emecé: 433 pp. , Buenos Aires.
Mendoza, D.H.y A.Busala.2006. De la movilización industrial a la Argentina científica”: La organización de la ciencia durante el peronismo (1946-1955). Revista da SBHC, Rio de Janeiro, v. 4, n. 1, p. 18-33, jan | jun 2006.
Palamidessi, H. 2006. Uranio en Argentina. Boletín MORENO No.176 (16/11/2006)  (www.info-moreno.com.ar/notas/energia_nuclear/uranio_argentina.htm - 50k -)
Parodiz, J. J. y E. Balech.1992. El Museo Argentino de Ciencias Naturales “B Rivadavia. …en pantuflas. Ed .Mimeo: 91pag., Bs. As. 

jueves, 2 de mayo de 2013

Una reseña de la obra del paleontólogo Osvaldo Reig, por Mario Bunge

Extraído textualmente del artículo original de  Mario Bunge publicado en  1998. El biólogo itinerante, pp. 87-93.
 En: Bunge, M.,  Elogio de la curiosidad, de Editorial Sudamericana, Buenos Aires.


Mi amigo Osvaldo Reig publicó su primer trabajo científico, que versaba sobre un roedor extinguido, a los dieciséis años de edad, cuando aún cursaba el colegio secundario en Buenos Aires. Terminó publicando más de doscientas memorias, solo o en colaboración, en el curso de casi medio siglo. Lo notable de esta producción científica no es sólo su volumen sino también su alta calidad reconocida internacionalmente, y el hecho que fuese realizada en seis países distintos: la Argentina, los EUA, Venezuela, Inglaterra, Chile y España. Osvaldo trabajó casi siempre en circunstancias difíciles, entre exoneraciones y exilios. Osvaldo fue un trabajador incansable desde su adolescencia: en el campo, el laboratorio y el gabinete. Cuando no cazaba fósiles, atrapaba murciélagos; cuando no disecaba reptiles, observaba cromosomas de sapos; cuando no experimentaba con ratones, pensaba en cómo enriquecer y refinar la teoría evolucionista; cuando no leía memorias científicas, las escribía; cuando no enseñaba, discurría con colegas; cuando no lidiaba con burócratas o políticos, analizaba los conceptos de especie biológica o de emergencia; cuando no viajaba a laboratorios o congresos, se hacía de tiempo para escribir a amigos dispersos por todo el mundo; cuando no trabajaba, cocinaba, escuchaba música o leía novelas. Minutos antes de morir, Osvaldo trabajaba en dos proyectos: el plan de una investigación de campo y laboratorio, que ahora realiza un equipo hispano-argentino, y un texto de biología evolutiva. Pese a su actividad frenética, ya que su trabajo era su único hobby, Osvaldo no era traga libros ni apéndice de microscopio. Gozaba intensamente de la vida. Le gustaba comer y conversar, pasear  y nadar, así como leer (en castellano, catalán, portugués, inglés, francés, alemán, italiano y ruso) y contemplar paisajes y gentes, tanto como trabajar. Era un esposo y padre dedicado y cariñoso, un amigo leal y un ciudadano apasionado por el bien público. Todo lo hacía con pasión. Las rabietas y enemistades le duraban poco: era demasiado generoso y estaba demasiado ocupado construyendo como para cultivar agravios. Mientras cursaba el 3° año de la carrera de biología, las autoridades de la Universidad Nacional de La Plata lo expulsaron a causa de su militancia antiperonista. Se ganó la vida vendiendo repuestos para automóviles. No obstante, siguió haciendo trabajo de campo y de laboratorio, como adscrito honorario al famoso Museo Argentino de Ciencias Naturales, fundado por Florentino Ameghino, y continuó publicando regularmente. En 1956 aparece su primer artículo en una revista internacional, Mammalia.

A partir de entonces, ya caído Perón, Osvaldo asciende meteóricamente en la comunidad biológica internacional. Pero recién en 1958 obtiene su primer cargo con dedicación exclusiva, en el Instituto Miguel Lillo de la Universidad Nacional de Tucumán. Dos años después es designado profesor en la Universidad de Buenos Aires, pese a carecer de doctorado. (Sólo conozco otros dos casos de este tipo.) En una época de especialización excesiva, la variedad de los temas de investigación que abordó Osvaldo en el curso de casi medio siglo asombra, admira y gratifica. Hizo paleontología, citogenética, genética de poblaciones, herpetología, sistemática, biofilosofía y mucho más. Estudió batracios, reptiles, roedores, marsupiales, murciélagos y muchos otros grupos, tanto vivos como fósiles, y siempre con la intención deponer en descubierto sus relaciones de parentesco. Descubrió el primer fósil sudamericano de reptil volador, y encontró que el número de cromosomas de especies muy emparentadas de roedores puede variar tanto como de 16 a 54. Lejos de ser un coleccionista de datos, Osvaldo trabajó a la luz de la teoría sintética de la evolución y de una filosofía naturalista. Éstas le permitían ubicar a todo bicho en un proceso histórico y lo impulsaban a buscar nexos ocultos a simple vista. También le sugerían buscar los mecanismos genéticos y ambientales de la evolución, así como reconocer la emergencia de nuevas propiedades y pautas. Osvaldo trabajó intensa y felizmente, así como con enorme éxito, en la Universidad de Buenos Aires desde 1960 hasta el golpe militar de 1966 1966. Este acontecimiento lo sorprendió en Harvard, donde trabajó en el famoso Museum of Comparative Zoology. Allí me presentó a dos grandes: George Gaylord Simpson, eminente paleontólogo enamorado de la Patagonia,  y Ernst Mayr, uno de los arquitectos de la teoría sintética de la evolución y gran aficionado a la biofilosofía. Incapaz de hacerse cómplice de la dictadura militar, Osvaldo renunció a su cátedra porteña y pasó a la Universidad Central de Venezuela. Aquí organizó inmediatamente un equipo de investigaciones en biología tropical. La universidad no quiso retenerlo, con el pretexto que carecía de doctorado. Ya se sabe que los diplomas valen más que los descubrimientos y la obra de formación de investigadores jóvenes. También se sabe que un investigador auténtico y carismático se rodea de jóvenes capaces y ambiciosos, y hace sombra a quienes profesan o politiquean sin investigar. Osvaldo no tuvo dificultad en ser invitado a la Universidad de Londres, donde al cabo de pocos meses lo nombraron doctor en ciencias. Para entonces había subido en Chile el gobierno socialista de Salvador Allende. Osvaldo ofreció inmediatamente sus servicios y fue contratado  por la Universidad Austral de Chile, en Valdivia. Una vez más se puso a organizar un laboratorio. Cuando ocurrió el golpe militar del general Pinochet, Osvaldo fue arrestado y preso en la siniestra DIN. Le salvó la vida una intervención de la Organización de los Estados Americanos.
De Chile Osvaldo regresó a Buenos Aires. Al poco tiempo, al endurecerse el régimen peronista, tuvo que volver a emigrar. Esta vez fue a la Universidad de Los Andes, en Mérida, Venezuela. Poco después pasó a la Universidad Simón Bolívar, institución de corte moderno fundada por el filósofo Mayz Vallenilla, donde Osvaldo fue feliz y productivo durante ocho años. En cuanto se restableció el régimen constitucional en su patria, Osvaldo no dudó en regresar a ella. Reincorporado a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de Buenos Aires en 1984, Osvaldo investigó, organizó y enseñó en ella durante los últimos ocho años de su vida. Durante ese periodo fue incorporado a la Academia de Ciencias de los EE. UU. Ya antes había sido electo miembro correspondiente de la Academia de Ciencias de la URSS. Pero esta actividad no lo colma, tanto más por cuanto la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de Buenos Aires no lo provee de recursos para la investigación. Osvaldo pasa un año en la Universidad Autónoma de Barcelona, y medio en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid. En ambas instituciones obtiene el apoyo pecuniario y administrativo que le negaran las autoridades de su propia facultad. Debido a sus sucesivos traslados y migraciones, Osvaldo se caracterizó a sí mismo como biólogo itinerante. El nomadismo es interesante para un teórico y, aún más, para un historiador. Pero es muy frustrante para un investigador de laboratorio o de campo. Cada vez que cambia de lugar, sobre todo en un continente donde casi todo queda por hacer, el investigador debe insertarse en una nueva red, formar un nuevo equipo de colaboradores, montar un laboratorio, y lidiar para conseguir recursos, sobre todo cuando éstos son escasos. Una persona con menos optimismo y energía que Osvaldo se habría descorazonado. En su caso, todo desafío tenía respuesta. Por este motivo nunca se sintió desarraigado. Naturalmente, Osvaldo y su familia pagaron un alto precio por el estrés constante: tiempo perdido, enfermedades, trabajos inconclusos, bibliotecas dispersas, ahorros evaporados, etc.  Pero sus discípulos y colaboradores ganaron enormemente. Basta leer los nombres de los colaboradores de muchos de sus trabajos: argentinos, venezolanos, chilenos, norteamericanos, españoles, etc. Osvaldo fue un sembrador en tierras difíciles, sujetas a sequías pecuniarias y a tormentas políticas. A diferencia de la mayoría de sus colegas, pero al igual que George Louis Buffon, Charles Darwin, Thomas y Julian Huxley, Santiago Ramóny Cajal, Ernst Mayr, Theodosius Dobzhansky, Francisco José Ayala, Peter Medawar, Jacques Monod, y algún otro, Osvaldo Reig siempre se interesó profundamente por los problemas filosóficos de la biología. Participó activamente en numerosas reuniones nacionales e internacionales de filosofía de la ciencia

Yo tuve la gran fortuna de conocer a Osvaldo hace tres décadas, cuando, en compañía de su mujer, Estela Santilli,  asistió a mi curso de filosofía de la ciencia en la Universidad de Buenos Aires. Recuerdo nítidamente la primera vez que lo vi. Estaba de pie, al fondo del aula, con su gran cara redonda y sonriente, escuchando atentamente, para luego hacerme cortesmente alguna pregunta interesante y difícil, pero nunca capciosa. Preguntaba para saber, no para hacerse notar ni para molestar. Pronto nos hicimos amigos. Yo iba a visitarlo a su maloliente laboratorio o a su minúsculo apartamento. Estudiábamos y discutíamos libros y artículos sobre metodología y filosofía de la biología. El año siguiente me invitó a impartir un seminario para sus estudiantes graduados, los cuales se destacaron más tarde en la investigación. Un año más tarde me expatrié, y desde entonces nos vimos esporádicamente en Boston, Montreal, Caracas o Buenos Aires. Pero nunca perdimos contacto epistolar y telefónico. Osvaldo me enseñó muchísimo en el curso de una conversación intermitente, mayormente  epistolar, que duró tres décadas. Toda vez que me he topado con un problema biológico o biofilosófico, mi primer impulso ha sido consultar a Osvaldo. Éste siempre encontró tiempo para corregir pacientemente mis burradas y para discutir nuestras desavenencias filosóficas, que por cierto fueron solo una o dos. Sus cartas, provenientes de la Argentina, Venezuela, Chile, los EUA o España, estaban repletas de ideas sobre biología, biofilosofía o política científica. Osvaldo Reig (1929-1992) fue un escéptico constructivo, optimista impenitente, entusiasta del enfoque científico, enamorado de la naturaleza, pensador profundo, observador agudo, experimentador ingenioso, hombre honesto a carta cabal, hombre generoso y afectuoso. Por añadidura fue un ciudadano del mundo con fuertes convicciones democráticas, capaz de sacrificarse por ellas y, lo que es aún más valioso, de trabajar incansablemente por ella.
La amplia producción científica del Dr. Osvaldo Reig puede ser consultada en el siguiente artículo:
Contreras, J. R. y A  Giacchino. 2003. Biobibliografía del científico argentino Osvaldo Reig ( 1929-19929) . En Arandú (Historia de la ciencia y del pensamiento americano).


miércoles, 17 de abril de 2013

El adiós al profesor Rodolfo Parodi (1903-2004)

Compilado por Hugo P. Castello: 2013, MACN en comisión en la Fundación de Historia Natural Félix de Azara.
Por Pablo A. Chafrat

Se marchó uno de nuestros grandes científicos. Su partida pasó, como sucede habitualmente, inadvertida para la mayoría de los medios.
Dijo José Ingenieros: "La genialidad es una coincidencia. Surge como chispa luminosa en el punto donde se encuentran las más excelentes aptitudes de un hombre y la necesidad social de aplicarlas al desempeño de una misión trascendental. El hombre extraordinario sólo asciende a la genialidad si encuentra clima propicio: la semilla mejor necesita de la tierra más fecunda. La función reclama el órgano: el genio hace actual lo que en su clima es potencial".
Pues sí, en el caso de don Rodolfo Parodi Bustos se cumplió con lo dicho por Ingenieros: su vocación se encontró con el mejor clima para desarrollar su genialidad, nada menos que al lado de las personalidades más grandes de todos los tiempos, esos forjadores de nuestra ciencia y nuestra cultura, en el ámbito más adecuado: su país, nuestra Argentina, con sus extraordinarias reservas paleontológicas. Así, trabajó junto a Carlos Ameghino y fue discípulo de Lucas Kraglievich, conoció personalmente a Eduardo Holmberg y Angel Gallardo, entre otras tantas figuras de las Ciencias Naturales y de la Paleontología en particular. ¿Qué mejor clima que ése para cimentar tal personalidad? El no sólo fue un sabio, fue un forjador, un activo partícipe del desarrollo de la paleontología en nuestro país. Rodolfo Parodi era el último argentino vivo que había conocido personalmente a don Florentino Ameghino y era uno de los últimos representantes de la paleontología de los comienzos del siglo XX. Cumplió con la misión trascendental de estudiar los mamíferos fósiles, labor que le fuera delegada por sus próceres maestros y amigos.
Se formó en el seno de una familia de grandes figuras de la paleontología argentina. Su padre, don Lorenzo Parodi, de origen genovés, recolectaba fósiles en la costa atlántica para Florentino Ameghino y luego siguió trabajando para Carlos Ameghino y Angel Gallardo, prestando servicios al entonces Museo Nacional de Buenos Aires. Su hermano Lorenzo Julio Parodi trabajó junto con Lucas Kraglievich, Alfredo Castellanos y Carlos Rusconi. Ingresó en 1937 como preparador en la sección de Paleontología de Vertebrados del Museo de La Plata, transformándose rápidamente en una figura importante en dicha institución y donde estrechó una gran amistad con el sabio Rosendo Pascual. Su obra escrita no es cuantiosa, lo que no le quita mérito ni la excelencia que aún posee.
Rodolfo Parodi fue profesor de la Facultad de Ciencias Naturales de Salta y se desempeñó como director del Museo de Ciencias Naturales del Parque San Martín (Salta), ayudó a recrear la actividad científica y cultural de comienzos del siglo XX con minuciosos detalles, debido en gran medida a su vida y tradición familiar. Su fecunda obra presenta contribuciones de gran porte sobre geología, zoología y paleontología principalmente, ciencia ésta que, como decíamos, orientó al estudio de los mamíferos, realizando contribuciones sobre mastodontes de destacado interés y de plena vigencia.
En 1993 se fundó en la ciudad de Salta el museo regional de Ciencias Naturales, el que lleva el nombre de profesor Rodolfo Parodi Bustos. Aun a la edad avanzada que contaba, poseía una lucidez inigualable y admirable.
Don Rodolfo Parodi nació el 13 de setiembre de 1903 en la ciudad de Necochea (provincia de Bs. As) y falleció el 14 de noviembre del 2004 a los 101 años en la ciudad de San Salvador de Jujuy (provincia de Jujuy), concluyendo así una tradición familiar en la materia de un par de siglos de duración, estudiando principalmente los mamíferos fósiles.
Hoy, privados de su presencia física, nos queda el aporte de su saber, en su completo legado fruto de una larga vida dedicada a la ciencia.
Don Rodolfo será siempre recordado con admiración y respeto, no sólo por lo que ha sido y es en el mundo de la paleontología, sino por todas sus virtudes personales. De esa manera permanecerá siempre entre nosotros y será a no dudar tomado como ejemplo por las nuevas generaciones de estudiantes, lo que será la mejor forma de brindar un merecido reconocimiento a su obra.
Tuve la suerte de ver y escuchar a don Rodolfo, lo que me emocionó, pues sabía de él, de su obra y de su personalidad. Sé que todos los que lo conocían sienten un profundo respeto y admiración por él, similar al que siento yo. Por ello me creí en la obligación de escribir estas líneas en su memoria.