sábado, 7 de noviembre de 2020

El hombre fósil de Miramar: la alucinante teoría de Florentino Ameghino sobre el origen pampeano de la humanidad

 

 Facundo Di Genova , La Nacion, 5 de noviembre de 2020  

En 1898, las ideas más disruptivas del argentino Florentino Ameghino, naturalista autodidacta, teórico de las eras geológicas y estudioso de los huesos fósiles, desataron acalorados debates científicos en ambos lados del Océano Atlántico Fuente: Archivo - Crédito: Heinrich Harder

Facundo Di Genova

5 de noviembre de 2020  

Es el año 1898. Mientras Julio Argentino Roca se prepara para asumir su segunda presidencia, un inmigrante genovés naturalizado argentino al que todos conocen como "el gringo de los huesos" le muestra al mundo las pruebas que confirman su revolucionaria teoría sobre el origen de la humanidad.

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El ser humano prehistórico no se habría originado en la Europa de los Neandertales, sino en Sudamérica y en la Argentina, puntualmente en la región pampeana de Buenos Aires, y la prueba más contundente de este postulado es "El hombre fósil de Miramar", hallado en 1888 por el recolector de huesos Andrés Canesa en el arroyo La Tigra de Mar del Sud. SKIP Ads by

El autor de la alucinante teoría sobre el "origen pampeano de la humanidad" es Florentino Ameghino; un naturalista autodidacta, teórico de las eras geológicas y estudioso de los huesos fósiles, cuyas ideas más disruptivas desatan acalorados debates científicos en ambos lados del Océano Atlántico.



El cráneo que dio origen a la teoría del "Hombre fósil de Miramar" fue hallado por el recolector de huesos Andrés Canesa en el arroyo La Tigra en 1888, en Mar del Sud Fuente: Archivo - Crédito: Museo de Miramar

Así termina el iluminado siglo XIX en Occidente: con una efervescencia científica pocas veces vista en todas las disciplinas del conocimiento y con las principales mentes de Europa y Norteamérica mirando hacia el sur, preguntándose cómo puede ser que el origen de la humanidad estuviera en nuestro continente. 

Ameghino y la antigüedad del hombre en el Plata

No era la primera vez que Ameghino sacudía al mundo científico con sus ingeniosas hipótesis, en un contexto donde los exploradores más atrevidos recorrían el mundo en busca de huesos que probaran el antecedente más antiguo de nuestra especie.

El genovés criado en Luján junto a cuatro hermanos había viajado a París en 1878, con el poco dinero que pudo recolectar vendiendo sus colecciones de fósiles, para presentarse en el Congreso Internacional de Americanistas, vincularse con la vanguardia científica de la época y promover sus principales argumentos acerca del origen de la humanidad.





El genovés criado en Luján viajó a París en 1878 para presentarse en el Congreso Internacional de Americanistas Fuente: Archivo

La apuesta dio sus frutos. Ameghino contrajo matrimonio con la joven francesa Leontine Poirier -en adelante su principal colaboradora literaria-, vivió dos años en Francia y publicó, en 1880, su libro capital: El origen del hombre en el Plata.

Allí afirmó que el hombre y los mamíferos se habían originado en América, puntualmente en la pampa argentina, yendo todavía más allá de las teorías evolucionistas de Charles Darwin, de cuya obra se hizo eco en estas latitudes.

Pero, cuando regresó al país, Ameghino no solo no fue recibido con honores, sino que fue declarado cesante de su cargo en el Museo de La Plata. Lejos de deprimirse, aceleró la publicación de su obra en castellano (1881) y abrió una librería en la capital bonaerense llamada El Glyptodon, con Leontine como principal impulsora.


Ameghino divulga también otra de sus grandes teorías: la coexistencia del humano prehistórico americano con los megamamíferos, también conocidos como megafauna, entre los que se cuentan el gliptodonte y el megaterio Fuente: Archivo - Crédito: Heinrich Harder

Ese mismo año, Ameghino divulgó también otra de sus grandes hipótesis: la coexistencia del humano prehistórico americano con los megamamíferos, también conocidos como megafauna, entre los que se cuentan el gliptodonte y el megaterio.

Esta idea fue rechazada de plano por las principales figuras paleontológicas de la época sin saber que, pocas décadas después, serían rotundamente confirmadas.

Ales Hrdlicka: su gran detractor

El principal detractor de las ideas de Ameghino fue un checo nacionalizado estadounidense, miembro del Instituto Smithsoniano y fundador del American Journal of Physical AnthropologyAles Hrdlicka, quien promovía una teoría sobre la población continental que chocaba de frente con la teoría ameghiniana.


El principal detractor de las ideas de Ameghino fue el checo nacionalizado estadounidense Ales Hrdlicka, miembro del Instituto Smithsoniano y fundador del American Journal of Physical Anthropology Fuente: Archivo - Crédito: Getty

América no es la cuna de la humanidad, sostenía Hrdlicka: solo había recibido las migraciones de poblaciones asiáticas a través del Puente de Beringia o el corredor terrestre que se formó entre Siberia y Alaska luego de la última glaciación, conocida como Era del Hielo.

Según el checo, esto había sucedido hace unos 12 mil años, por lo que el hombre sudamericano jamás hubiera podido coexistir con la megafauna, como se denomina a los mamíferos gigantes.

Compadezco de todo corazón a todos los que después de haber adquirido y expresado una opinión, no pueden abandonarla nunca más

Florentino Ameghino

Sin embargo, el padre de la paleontología argentina sostenía que el "Hombre fósil de Miramar" provenía del "pampeano inferior", es decir, que tenía más de 2 millones de años, lo suficiente como para ser considerado el "origen" de la humanidad y echar por tierra al esquema de Hrdlicka.




Algunas de sus ideas fueron rechazadas de plano por las principales figuras paleontológicas de la época sin saber que, pocas décadas después, serían confirmadas Fuente: Archivo

"Cuando la teoría de Ameghino fue puesta en duda, también se puso en cuestión que el hombre sudamericano hubiera coexistido con la megafauna; ellos postulaban, al contrario que Ameghino, que el hombre americano había llegado después de la extinción de los grandes mamíferos. Hallazgos en décadas posteriores, muchos de ellos realizados en la provincia de Buenos Aires y en la Patagonia, demostraron que el hombre sudamericano convivió con megaterios, gliptodontes, hippidiones [el caballo original americano] y también con la llama gigante", destaca a LA NACIÓN Mariano Magnussen, del laboratorio paleontológico del Museo de Ciencias Naturales de Miramar y Fundación Azara.

"Florentino publicó en 1884 el descubrimiento de fósiles de Homunculus patagonicus, que es la única especie del género monotípico extinto de primate platirrino (un pequeño mono) y que vivió en la Patagonia argentina cuando era una selva tropical en el Mioceno, hace unos 17 millones de años antes del presente. Ese hallazgo de monos tan antiguos, y el hallazgo de restos humanos del Plioceno de Miramar y otros puntos de la costa bonaerense, cerraban la teoría del origen pampeano de la humanidad", agrega Magnussen.

Del Homo pampeanus al Phorusrhacos longissimus

"Cambiaré de opinión tantas veces y tan a menudo como adquiera conocimientos nuevos, y el día que perciba que mi cerebro ha dejado de ser apto para esos cambios, dejaré de trabajar. Compadezco de todo corazón a todos los que después de haber adquirido y expresado una opinión, no pueden abandonarla nunca más", escribió Florentino Ameghino, poco antes de morir, el domingo 6 de agosto de 1911 a las 8.20 de la mañana en la ciudad de La Plata. Tenía 57 años.

La diabetes del naturalista había empeorado después del golpe emocional que significó la muerte de su compañera Leontine y ya no volvió a recuperarse. Su hermano Carlos Ameghino, el menor de la familia y principal recolector de fósiles en el territorio, continuó su legado y la defensa de sus principales ideas y descubrimientos.


Temible Phorusrhacos longissimus (1887), depredador patagónico "terrorista" prehistórico descripto por Ameghino Fuente: Archivo

Entre ellos, el hallazgo y descripción pormenorizada, a partir del fósil de una mandíbula, de un enorme pajarraco prehistórico patagónico de Santa Cruz, el Phorusrhacos longissimus (1887).

Esta ave carnívora no voladora que midió hasta tres metros de altura se cuenta entre los principales depredadores de América del Sur, vivió entre 2 y 60 millones de años atrás (era Cenozoica) y también es conocida como "ave del terror" o "pájaro terrorista".

Sospechas de fraude, entre Lorenzo Parodi y Charles Dawson

Con la muerte del sabio, sus críticos promovieron una canibalización de sus ideas. Sobre todo, porque algunos de los hallazgos analizados "no se encontraban en su contexto original o incluso algunos quedaron bajo una fuerte sospecha de fraude científico por parte de sus colectores", cuentan en el Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

Finalmente, se supo que el cráneo de La Tigra que Florentino Ameghino asignó a la especie Homo pampaeus correspondía a nuestra misma especie, Horno sapiens.

"Si bien resultó ser más moderno que lo supuesto, fechados recientes indican que tiene una antigüedad superior a los 7000 años", destacan los naturalistas miramarenses. 


El polémico Lorenzo Parodi, inmigrante genovés que se ganó la vida recolectando fósiles Fuente: Archivo

Sin embargo, no fue este hecho lo que puso en cuestión toda su obra, honesta desde lo intelectual, sino el trabajo de campo de otro inmigrante genovés radicado en Necochea, Lorenzo Parodi.

Con Florentino ya muerto, y mientras la Argentina del Primer Centenario se erigía como una potencia pujante con élites dirigentes que promovían las ideas del progreso científico, las autoridades de la Universidad de La Plata impulsan una expedición en 1912 en busca de restos fósiles en las localidades de Miramar, Monte Hermoso y Valcheta para verificar la ideas del "Hombre fósil de Miramar", en un contexto mundial donde los intelectuales de todo el mundo buscaban nuevas explicaciones acerca del origen de la humanidad.


Una comisión investigadora integrada por figuras notables viajó a Miramar para verificar los sitios arqueológicos Fuente: Archivo - Crédito: Museo de Miramar

Por invitación de Carlos Ameghino, "una comisión científica viajó a Miramar para inspeccionar los sitios donde Parodi había hecho sus descubrimientos, en la cual participaron los principales investigadores de la época", cuentan Eduardo Tonni, Ricardo Pasquali y Mariano Bond en Ciencia y Fraude: el hombre fósil de Miramar (Ciencia Hoy, 2001). 

La calavera y algunos huesos que dieron origen a la teoría del "Hombre fósil de Miramar" fueron hallados en 1888 en el arroyo La Tigra, actualmente Mar del Sud Crédito: Hipólito Sánchez / Archivo Clavero

El descubrimiento más extraordinario fue realizado por el mismo Lorenzo Parodi y fue conocido como "el fémur de toxodon flechado", lo que confirmaba tempranamente la hipótesis ameghiniana de que el humano americano había coexistido con la megafauna.

En este contexto, Carlos Ameghino planteó sus dudas en la revista Physis (1918) y "expresó que Parodi fue el único que descubrió los yacimientos", caracterizaron los investigadores. 



Su hermano Carlos, el menor de los Ameghino y principal recolector de fósiles en el territorio, continuó su legado y la defensa de sus principales ideas y descubrimientos Fuente: Archivo - Crédito: AGN

Al hueso del toxodon le habían incrustado maliciosamente un instrumento lítico humano que servía de raspador a la vez que cortador, en una especie de acto desesperado para forzar la comprobación de la hipótesis.

"Lo que no sabemos es quién fue el autor del fraude. ¿Fue Parodi el responsable? ¿Fue víctima de una broma, como era común, por otra parte, en el medio rural en la época? Quizás nunca lo sabremos", refieren los académicos.

Otro fraude, todavía más escandaloso, ocurría al mismo tiempo en Inglaterra


Expedición en la Patagonia: se cree que los dos protagonistas serían Florentino y Carlos Ameghino durante un trabajo de campo Crédito: Museo de La Plata

En 1912, el anticuario Charles Dawson había desenterrado en las afueras de Piltdown Common, en el sur inglés, los restos de un cráneo humano cuyo aspecto era muy primitivo.

El hallazgo se publicó en la revista científica Geological Society de Londres firmado por el paleontólogo Arthur Smith Woodward con el nombre Neoantrhopus dawsoni, el humano más antiguo jamás hallado o el eslabón perdido del ser humano. 

Tal como postulaba Ameghino, hallazgos en décadas posteriores demostraron que el hombre sudamericano convivió con megaterios, gliptodontes, hippidiones [el caballo original americano] y también con la llama gigante Fuente: Archivo

El descubrimiento competía con la hipótesis de Ameghino, pero sobre todo con el hallazgo de 1856 cerca de Düsseldorf (Alemania) en el valle alemán de Neander, conocido como Neandertal.

El Neoantrhopus dawsoni u "Hombre de Piltdown" fue un fraude rotundo que se sostuvo durante más de cuarenta años, cuando en 1953 se descubrió que el cráneo correspondía en realidad a un ser humano moderno de no más de 50 mil años de antigüedad, y que además le habían insertado un trozo de mandíbula de un orangután para que pareciera todavía más antiguo. 


La humanidad sudamericana convivió con la megafauna, tal como sostenía Florentino Ameghino y como se pudo comprobar décadas después Crédito: Museo de Miramar

Ameghino, el precursor de la prehistoria americana

Más temprano que tarde, se supo que la obra de Ameghino fue totalmente ajena a este tipo de adulteraciones científicas. "Más allá de las grandes correcciones de las teorías ameghinianas, es indudable la enorme contribución al conocimiento científico sudamericanocon más de 6 mil nuevas especies descriptas y una obra que supera las 30 mil páginas", considera Magnussen.

Especialistas en Ciencias Naturales de todo el mundo reconocen sus ingeniosas teorías como vigentes e ineludibles, aun cuando el "Hombre fósil de Miramar" y el cráneo hallado en el arroyo La Tigra no hayan sido ni tan originales ni tan antiguos como él pensaba.

martes, 15 de septiembre de 2020

TAXIDERMIA: Los progresos de la taxidermia (en 1940)


     Manuscrito no publicado: fecha probable entre fines de  la década de 1930e       
     inicios de 1940
     Por el Sr. Secundino da Fonseca.
     Miembro del Laboratorio de Taxidermia del Museo Argentino de Ciencias   
     Naturales

                                                               --.—

                                     Desde los tiempos más remotos, la humanidad se ha preocupado por la conservación de las cosas de la Naturaleza, fáciles a la descomposición. Ya lo vemos en el pueblo de los egipcios, que, con la momificación de sus reyes y demás seres queridos, han conseguido mostrar, hasta nuestros días, los vestigios de su civilización, no tan sólo en la escritura, en el arte esculpido o pictórico, sino también en la conservación de sus propios cuerpos. Los indígenas americanos, con el deseo, quizás de la eternidad o con la exhibición de trofeos de guerra, nos dan preciosos materiales que hoy enriquecen las salas arqueológicas de nuestros museos y cuya técnica de conservación está resultando, aun, motivo de estudios.
                                     No hay duda que, debido a la fácil corrupción de los tejidos orgánicos y a la hasta entonces carente habilidad del embalsamado, haya surgido la otra representación, la escultura y la pintura; actividades estas que han seguido un camino de vivo progreso y de acción francamente evolutiva.
                                     De todo eso, día a día, tenemos nuevos datos debidos a las investigaciones realizadas por la historia en sus diversos aspectos, y, el sólo análisis de cada una de sus etapas evolutivas, nos demuestra claramente que todo el eje de inspiración, ha sido la observación directa de la Naturaleza.
                                     La Taxidermia, termino griego formado por dos voces que exprimen los significados de: arreglo o colocación de la piel, se le da hoy día un valor sinonímico al de embalsamado; error  que quiero aclarar: el embalsamado consiste en la conservación de piezas anatómicas o de cadáveres completos, mediante sustancias aromáticas o de cadáveres completos, mediante sustancias aromáticas e inyecciones dadas en las venas con líquidos antipútridos. En cambio la taxidermia es el arte de tratar las formas de la Naturaleza animal, valiéndose de sus pieles convenientemente conservadas y presentándolas con  un aspecto de aparente realidad.
                                      Esto es lo que actualmente preocupa a los museos contemporáneos en una de sus variadas funciones, como la de conservar, estudiar y presentar aspectos de la naturaleza, con fines didácticos.
                                      Cabe, pues, agregar aquí, la voz griega de Mouseion, o sea el templo de las musas y que se destinaba, en la antigüedad, al estudio de los diversos contenidos del saber humano.
                                      Hoy, muy poco se han apartado de sus funciones primitivas, los museos; son templos en los cuales, la conservación, la investigación científica y la exhibición, forman su principal plan de acción. Para la primera y segunda función, la de conservar y estudiar, está el personal científico, cuyas investigaciones, realizadas en la propia Naturaleza y en los laboratorios con el material recogido y conservado en las numerosas expediciones, presentan, luego, sus resultados en monografías o publicaciones periódicas. Desde luego que estas funciones representan la parte vital de un museo y a ellas concurren todas las atenciones de su dirección; la otra función, la de exhibir, desempeña también un papel preponderante en la faz educativa de la sociedad y núcleos de estudiosos por lo mismo, debe estar atendida por un personal que supeditado al científico se encargará de enseñar y despertar también el deseo permanente de saber. A ello contribuyen la exhibición de la Naturaleza tal cual se refleja, sin mas retoques que los necesarios, para la debida conservación de sus piezas e inteligentemente rotuladas para mantener latente ese deseo de aprender, ya mencionado. Después de esto, que es el todo, debe añadirse el temperamento artístico y de buen gusto  para observar la Naturaleza en su faz mas bella y atrayente tal, como la describe el Dr. Eduardo L. Holmberg, en su siempre actual trabajo “ El joven coleccionista de Historia Natural en la Argentina”:- El montaje de las aves y mamíferos es una operación delicada, para la cual se necesita algo mas que el manual operatorio, porque además de las precauciones que exige, hay que ser algo artista, lo cual, si bien es un don natural, en su más alto grado, puede adquirirse en gran parte por al educación y el empeño.-
                                       En atención a aquello de la cual casi la totalidad de nuestros conocimientos entran por los ojos, debemos en tal sentido, prestar sumo cuidado y dedicarle toda nuestra capacidad para la fiel interpretación de la Naturaleza. Por ende la exhibición  en un museo será otra cosa que el libro minúsculo que la refleje en todo su esplendor y magnificencia. Es aquí cuando la taxidermia entra en acción en todo lo que de real y de arte tiene; y, por lo tanto, no se le puede asignar una función improvisadora ni tampoco establecer recetas para su práctica; su cometido es propio de los museos, los únicos capaces de interpretar los conceptos mencionados.
                                      Para el montaje de un cuadro biológico o “diorama” (actual modalidad seguida por los grandes museos) intervienen numerosos preparadores y artistas con el fin de atender una serie de dificultades.
                                      Estas pueden enumerarse en este orden,
Primero: delineamiento o boceto del diorama, el cual se hace en dimensiones reducidas, atendiendo al lugar y las proporciones donde se colocará en la sala de exhibición, y, sobre todo, de acuerdo a las referencias tomadas, del natural, por el propio preparador y complementadas por los jefes de cada sección.
Segundo: excursión al ambiente natural elegido para obtener el material zoológico y botánico, como así mismo los huéspedes de cada uno.
Tercero: apuntes fotográficos o cinematográficos, desde distintos ángulos de visión, para interpretarlos fielmente en laboratorio.
Cuarto: elección de las piezas y conservación de las mismas.
Quinto: reproducción de fondos escenografitos atendiendo a las perspectivas del conjunto y al lugar de exhibición.
Sexto: iluminación artificial buscando los efectos de naturalidad de acuerdo al momento de observación.
                                    Esto es, en síntesis, parte de lo estrictamente necesario que siguen los grandes museos para el montaje de unos de sus cuadros aparentemente dotados de vida. Falto aquí mencionar la parte manual que invierte mucho tiempo, como ser la confección de miles de hojas, flores, ramas, césped o piedras ratifícales; debiendo agregar, como en todo lo que se reproduce en un museo, que lo es artificial, en cuanto al material empleado para su elaboración, pero, natural en lo que se refiere a la fidelidad de su interpretación.
                                     Hasta ese momento tenemos, por decirlo, así, bosquejado el “escenario: faltan ahora los “actores” que completen este pedazo de vida de la Naturaleza, transportado a un local cerrado.
                                     Es esta tarea esencialmente de los taxidermistas, los cuales deben reunir, como ya lo dijera, a mas de su eficiencia técnica, aptitudes artísticas de pintor, modelador, escultor, y sobre todo, buen gusto e imaginación; la cual debe ser tomada en a medida de a fiel interpretación, sin caer en o vulgar ni tampoco descuidar las preferencias del publico visitante y las modalidades de la época.
                                     Aquí esta pues, juntamente con la inteligente rotulación y esquemas explicativos, el medio mas eficaz para mantener latente la curiosidad de ese publico, ávido de saber, y, aquí se cumple también la faz didáctica de un museo.
                                     Los Estados Unidos de America no ahorran esfuerzos ni recursos para el montaje de estos dioramas; y, su técnica ha llegado a tal perfección que difícilmente se llegue a superar.
                                     El Museo de Historia Natural de Nueva York, sin ser el iniciador, posee los grupos más notables y numerosos de este tipo de exhibición. Fue el celebre científico y preparador E. T. Booth, del Museo de Brighton, Inglaterra, el rimero quien presento cuadros biológicos, aprovechando su celebre colección de aves británicas juntamente con sus nidos, huevos o pichones y trozos de vegetales que le servían de apoyo. Algo mas tarde, y,  siguiendo las tareas iniciadas por Booth, el museo de Historia Natural de Londres también presento en exhibición cuadros biológicos, especialmente de aves. En los alrededores de Londres  se encuentra la ciudad de South Kensington, cuya celebridad se debe justamente a su museo, en el cual se hallan maravillosas presentaciones de este tipo. Fue allí donde se efectuaron reproducciones de pequeños especimenes, a gran tamaño, con fines didácticos y en los cuales los preparadores taxidermistas hicieron empleo de todos los accesorios más extravagantes, para conseguir los efectos de una justa replica.
                                     Pero donde encontramos soberbias preparaciones es en el museo Americano de Historia Natural. La gloria máxima corresponde a los cincuenta años de dedicación constante, prestada por el Dr. Frederic A. Lucas. sus mas de 365 trabajos escritos, los dedico casi exclusivamente a la exhibición en los museos, contemplando en ellos los progresos e innovaciones de cada época. Espíritu dinámico y de observación penetrante trato por igual los métodos de presentación de los seres más pequeños y las formas voluminosas;(los invertebrados y los grandes mamíferos). Al cumplir los cincuenta años de gloriosa labor el Museo de Nueva York publico la lista de sus numerosas contribuciones y datos biográficos, como justo homenaje.
                                     Llegados a este punto nos encontramos en la faz más actual de la taxidermia y, al solo nombrar a Mr. Carl E. Akeley, habremos dicho todo. Una mezcla armoniosa de artista refinado, naturalista sagaz y taxidermista inteligentemente personal., eso fue Akeley.
                                     Sus famosos cuadros biológicos pasaron los umbrales del Museo Americano, para ser la inspiración de los actuales museos. Diríase que este acabado artista ha tenido la virtud de transplantar  la Naturaleza  lugares cerrados. Diríase que este acabado artista ha tenido la virtud de transplantar la naturaleza a lugares cerrados, con tanta maestría que la misma se siente orgullosa de ser acariciada por virtuoso tan hábil.
                                     Esta evolución, reciente en cuanto a su perfección, también ha repercutido en nuestro ambiente. El  Museo Argentino de Ciencias Naturales ha salido d sus clásicas exhibiciones; y, si bien es cierto tales cambos, no han estado a la altura de estas instituciones, ello se debió sobre todo, a la falta de local adecuado; inconveniente   que actualmente se esta subsanando gracias al empeño tesonero de su Director, el profesor D. Martín Doello Jurado.
                                      Amplios salones bien orientados e iluminados se están construyendo, por secciones, en el Parque Centenario. Uno de ellos ya esta habilitado al publico y en el puede apreciarse algunas muestras de exhibición adaptadas a la nueva modalidad, con gracias y actitudes sorprendentes.
                                     Ya las innumerables aves y pajarillos bajaron de sus clásicos pedestales, lustrados, alineados como soldados, para posarse en ramas naturales, al lado de sus respectivos compañeros acurrucando  a sus tiernos hijuelos.
                                      La ferocidad del león, o a beatitud de la corzuela, dejaron de impresionar  al publico infantil, para ser hoy, motivo de admiración solaz de los entendidos.                   
                                      El acecho del zorro y la actitud tranquila de las perdices de la Patagonia, en un amiente de perfecta escenografilla, provocan en el publico, la estupefacción de un diorama bien conseguido. Y… la rencilla de los pingüinos, por la disputa del nido, del que mutuamente creen ser autores, rodeados de sus compañeros despreocupados, forma otras tantas felices realizaciones.
                                      Esto se deba labor y arte de su actual Jefe de Laboratorios de Taxidermia, D. Antonio Pozzi, nieto del primer preparador y artista, de igual nombre, que fuera contratado por el Director científico  Dr. German C. Burmeister, e hijo de Santiago Pozzi.
                                      Los tres han interpretado a las formas de la Naturaleza en actitudes tales, que sin formar cuadros completos, están sin embargo, tan respetado sus movimientos que, en cualquier momento puede recurrirse a  ellos para la adaptación de dioramas, La labor de Santiago Pozzi se distingue por la cantidad y la calidad, y el calor de su cariño aun se encuentra entre los que tuvieron la suerte de convivir con el y escuchar sus interesantes indicaciones.
                                      Hoy podemos decir con orgullo, como los norteamericanos, tenemos un Akeley, y, el es la familia Pozzi, creadora de la taxidermia argentina.

   Observación:

   Este manuscrito carece de fecha y ha permanecido sin ser publicado un poco menos de un siglo. Calculamos que el mismo fue escrito entre los fines de la década de 1930 e inicios de la década de 1940 cuando la construcción del edificio del Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN) estaba siendo  terminada,y, comenzaba la ardua tarea de dotar las salas de exhibición de dioramas. A través de este texto queda claro que la primera sala de exhibición del actual MACN en ser inaugurada, fue la de Aves situada en el primer piso del MACN y probablemente la segunda haya sido la de los mamíferos, situada en el mismo piso. Esa Sala de Aves fue, hace unos años, reemplazada por otra más moderna-

  Antonio Pozzi, 28? años, soltero,  Argentino,
  Preparador, empleado desde 1906 en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata desde 1898 hasta 1906, donde había sido Ayudante de Secretaría, desde I/86 con salario de $ 50. Posteriormente paso a trabajar en el Museo Nacional a los ordenes de Florentino Ameghino.
 Agradecimientos: al Sr. Juan Saravi Platero por la donación de importantes documentos archivados de la familia Pozzi.